Hay partidos que se juegan 90 minutos. Y hay partidos que quedan para siempre. Lo que ocurrió ese día nadie lo esperaba.
Arabia Saudita llegaba como clara inferior. Las apuestas estaban en contra y la presión era enorme. El rival era uno de los favoritos al título.
Con disciplina táctica y una intensidad inesperada, el equipo logró dar vuelta un resultado que parecía inevitable. Cada minuto aumentaba la incredulidad mundial.
Ese partido no solo sumó tres puntos. Cambió la manera en que el mundo miraba a esa selección y demostró que en el Mundial nada está escrito.